Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:1

¿Qué tan fácil es calzar los zapatos ajenos, o, dicho de otra manera, será que es fácil ponerse en el lugar del otro?

Más de una vez hemos oído hablar del término:  empatía. ¿Qué es? La empatía es la capacidad que tiene un individuo de percibir o interpretar en un contexto en común lo que otra persona puede sentir, o quizás hasta pensar. Es decir, es una forma de entender y comprender lo que el otro siente, pero poniéndose en el lugar del otro.

Quiero revisar con ustedes algunas historias de la biblia, pero de una manera diferente, tratemos de ponernos en el lugar del personaje, para poder entender e imaginar sus pensamientos.

Génesis 22: Cuando Dios le habla a Abraham y le dice, Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Génesis 22:2, y luego el versículo 3 dice: dice Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Entre el versículo 2 y 3 hay una larga noche, posiblemente pensamos que el obedeció sin problemas, Dios dijo y él lo hizo, después de todo Abraham es el padre de la fe. Pero seamos empáticos con Abraham, como piensa que él tomo el pedido de Dios, que hubiera hecho usted en su lugar; creo que esa noche fue una noche de luchas; Dios no le estaba pidiendo que sacrifique el mejor de sus corderos, le estaba pidiendo a su hijo, seguro que Abraham no llega a comprender el porqué del pedido de Dios, y es ahí donde él tuvo que tener sus luchas, entre sus emociones y sus acciones; a su mente deben haber venido cada conversación que tuvo con Dios, cada promesa, cada llamado de atención, y a su vez se debe haber cuestionado el ¿por qué? de este pedido, recordemos lo que paso con Abraham, en Génesis 17:16, 17, hablando Dios de Sara dice: Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?, aunque él estaba postrado ante Dios, tenía incógnitas en su corazón. Los pensamientos de Abraham son lógicos, es lo que cualquier persona en su lugar hubiera pensado, a pesar de saber de quién venían las promesas, pero estos pensamientos no descalifican a Abraham, de aquí en adelante se darán sucesos que le enseñaran a caminar por fe.

Y cuando llego la mañana después de una noche tan intensa él pensó que estaba listo para el camino, ya había superado a sus pensamientos, ahora iría camino al monte a cumplir el pedido de Dios, 4Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.  Abraham dice adoraremos y volveremos, no dice volveré, él tenía la convicción que Dios obraría en aquel monte. Pero aún le quedaba la parte más difícil del camino, que eran las preguntas que su hijo le haría. ¿Papá y el cordero? ¿dónde está el cordero? llevamos todo para el holocausto, pero falta el cordero. Isaac sabía muy bien que todo holocausto necesitaba de una ofrenda, en este caso un cordero, pero él no lo veía. Pero estas preguntas que le hacía su hijo, tienen que haber rasgado las fibras más íntimas de su corazón, aún sabiendo que Dios iba obrar de alguna manera. Esto me hace recordar lo que me compartía una amiga. Su madre cayo muy enferma, y ella como hija hizo todo lo que estuvo a su alcance para que su madre este bien atendida y sacarla de este proceso de enfermedad, pero los médicos le dijeron que por ella ya no se podía hacer nada, y me decía que la parte más difícil fue, cuando su madre le preguntaba ¿hija, no me voy a morir, verdad? Y ella tenía que calmarla dándole esperanza, aun sabiendo que los médicos la habían desahuciado. Cómo debe de doler las preguntas de un sentenciado que no sabe que lo está. Ante las preguntas de Isaac, Abraham responde con lo que su mente y corazón creen; Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. Abraham está dando una lección de fe a su hijo, y no sólo fueron palabras para calmar a un niño era su seguridad de que Dios cumpliría su promesa, Pero esta historia llega a su máximo nivel cuando Abraham tuvo que preparar el altar Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.  No puedo imaginar esa escena, Abraham sabía que Dios iba a obrar, aún no sabía ¿cómo? pero hasta este momento su convicción era de que Dios cumpliría su promesa,  por lo general vemos en los libros que ilustran esta historia un niño tranquilo, claro queremos enseñar la obediencia de Abraham pero no se muestran los sentimientos que afloran en ese momento, seguro que cuando Abraham tomo a su hijo y lo ató,  Isaac, no estaba pensando, debo estar tranquilo sólo estamos jugando.  No. Seguro que él tuvo miedo, lloro y cuantas cosas habrá venido a su cabecita en ese momento, recuerden él era un niño, y no sabía que era el protagonista de la lección de fe más grande que hay en la Biblia  11Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham,  Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto, se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto. Me imagino ese abrazo entre padre e hijo, tiene que haber sido lleno de lágrimas, alegría, agradecimiento, sería como abrazar a Dios. Este era el principio de una vida de fe.

Querida amiga, cuantas veces no nos ha tocado atravesar situaciones difíciles donde sólo nos toca confiar en el Salvador, podemos caminar con incertidumbre, pero no con dudas, no es malo si a nuestra mente vienen preguntas sobre nuestras decisiones a tomar, lo malo es si estas preguntas te impiden en confiar en el que te dio las promesas.

Hebreos 11 17 - 19 dice: 17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. 

Pero la fe no es algo mágico que llega a mi como un destello de luz, la fe es un camino que empieza con una convicción.