Un cuento muy conocido, nos relata la historia de una joven, que cada mañana se ocupaba en ordeñar sus vacas, para luego salir a vender leche, ganando de tal manera el sustento para su familia. Con su cántaro en la cabeza y camino al pueblo, iba pensando: Con el dinero que gane por la venta de leche, me compraré una cesta de huevos, de estos, pronto nacerán pollitos, y cuando crezcan los venderé y me compraré un cerdo. Al cerdo lo alimentaré muy bien y será el más hermoso de la comarca, así que lo podré vender a buen precio y con lo que gane, me compraré una vaca. Ella tendrá terneros y luego tendré un gran rebaño.
Estaba tan contenta con sus sueños, que la joven comenzó a dar saltos y bailar, con tan mala fortuna que se le cayó el cántaro y se rompió contra el suelo. La joven, en extremo apenada, se lamentaba pensando: ¡Me veía dueña de una granja y ahora no tengo ni siquiera leche para vender hoy!
Cuantas veces nos hemos visto como esta joven, llena de sueños, planeando el siguiente proyecto, boda, familia, viaje y tantas cosas, pero de repente algo inesperado sucede, se empiezan a cerrar las puertas y parece que todo se ha terminado. Incluso nuestra fe, tan sólida en otros momentos, ahora la vemos debilitarse día a día. En esta etapa muchas veces el enfoque personal se limita a ver el problema y no la solución.
Es en verdad complicado enfrentar estos hechos, en especial cuando uno se encuentra herido y sin esperanzas, sin embargo Moisés le dio una palabra muy importante a Josué: “No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará.” Deuteronomio 31:8 NTV y Jesús dijo: “…Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 NTV. Así como las pruebas son parte de la vida, también es cierto que en cada una de ellas, Dios estará con nosotros para ayudarnos. No estamos solos ni desamparados, porque siempre e incondicionalmente contamos con Él.
Tal vez te encuentras en una situación donde solo puedes ver la leche derramada en el suelo, o los pedazos de tu cántaro quebrado. Recuerdas con nostalgia, lo que tenías y perdiste, o aquel sueño que solo quedó en eso y nunca se concretó. Tal vez la preocupación te limita de tal forma que no puedes ver más allá. Si fuera así, toma un momento y comienza a creer que si hay sueños que se frustraron, es porque Dios quiere darte algo mejor, proyectos que ni siquiera te imaginaste, están a punto de nacer. Muchas veces la desilusión por la no concreción de los propios sueños, constituye el primer paso para alcanzar los sueños de Dios. Pide a Dios nuevas fuerzas y que amplié tu visión, El está a tu lado y quiere darte aún mucho mas de lo que perdiste. ¡Un nuevo día te espera!

Soraida Fuentes

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